2026
<p>Fernando Prats firma una intervención en las salas de arte románico del MNAC, compuesta por un conjunto de obras que plantean paralelismos sutiles entre épocas alejadas en apariencia. Con la complicidad de la gravedad o del aleteo de unos pájaros, traza las huellas del movimiento universal. El artista asume esta complejidad y, en respuesta, teje una trama de paisajes que evoca la experiencia del paso del tiempo y los ritmos naturales, y hace evidentes las geometrías ocultas en el arte románico. La contemplación de estos rastros revela una conexión atemporal en las temáticas pese a las diferencias conceptuales entre eras.</p><p>En la Edad Media, el arte se entendía como una producción mecánica sometida a unas reglas y amparada en la tradición. La belleza debía observarse en Dios y en la naturaleza que emanaba de su creación. Cada detalle, cada marca, convertidos en motivo y en meticulosa interrogación, apuraban el encadenamiento de las metáforas a las que empujaba la técnica.</p><p>La destrucción de la noción de verdad absoluta y la desaparición de las certezas objetivas acarrea la sustitución de lo seguro por lo probable. Hoy en día, la inestabilidad, la aleatoriedad y la complejidad minan los cimientos de todas las disciplinas. El ser humano ya no configura el mundo desde la posición distante de un observador, sino que incide en él cuando trata de conocerlo.</p><p>El recorrido entabla un diálogo, perfila una línea que se entreteje con pasajes alternativos y acaba articulando las diferentes partes de la muestra como un todo. A lo largo de ese itinerario, se aborda el concepto de representación mediante proyectos en los que la naturaleza se erige en sujeto artístico: obras de registro pictórico que desarrollan la noción de paisaje y creaciones sobre el tiempo y su duración que reivindican la visión de la pintura como una sedimentación estratificada, profunda y hábil de las contradicciones inherentes a la experiencia humana.</p><p>Gloria Moure </p>